Mikel Morlas | Diseñando e implementando estrategias y dispositivos para el fomento de la innovación y el aprendizaje significativo en las organizaciones.

Sobre Renta Básica Universal y Educación

Fotografía de Bradley P. Johnson (CC BY 2.0)
 

El pasado agosto Podemos anunció que encargaba a cuatro economistas un estudio para calcular el ajuste que podría hacer de la Renta Básica Universal una realidad en el contexto español

En un santiamén “ardía Internet” alabando o criticando la iniciativa; ocupando gran parte del debate las consideraciones alrededor de los efectos sobre la economía y el mercado de trabajo.

Algunas voces entusiastas se atrevieron a mencionar la dimensión psicológica –positiva– de tal medida; trabajadoras más motivadas. Estupendo, pero para que eso sea así antes será necesario, al menos, un cambio estructural fundamental…

Imaginemos que la RBU entra en vigor mañana. Si ya no hace falta trabajar para tener un sueldo ¿Qué sentido tiene un sistema educativo que, como el español, está cada vez más orientado a facilitar mano de obra cualificada a las supuestas profesiones de(l) futuro?

Sin duda la RBU no supondrá el fin del trabajo, pero sí la transformación profunda de algunos aspectos fundamentales del actual mercado de trabajo. A partir de mañana las personas tendrán mayor poder de decisión a la hora de escoger un puesto de trabajo. Ya, sobre esto hay un debate que hila muy fino… Pero aceptemos tal aseveración.

Siendo así, es fácil temer que nuestra sociedad se convierta en una suerte de Peraustrinia 2004; una masa social apática dirigida por un gobierno paternalista en estrecha colaboración con apasionados y brillantes cerebros desconectados de las auténticas necesidades de la mayoría de sus conciudadanas. Un régimen potencialmente insostenible en muchos sentidos.

¿Cuál es la clave para que la RBU no sea un fiasco? La educación. Una educación centrada en contribuir a que las personas encuentren qué les motiva –y se encuentren a sí mismas–. Empezando por las competencias de índole afectivo o emocional, cuyo impacto positivo redundará sobre los resultados del resto de áreas competenciales y del conocimiento (como parecen apuntar algunos estudios CASEL en el ámbito escolar).

Es fácil prever, según el escenario dibujado, que las nuevas leyes educativas beberán cada vez más de los resultados de la investigación en los ámbitos del aprendizaje y menos de ideologías; por tanto, menos susceptibles de ser alteradas por los continuos cambios de color en el gobierno.

Como consecuencia de ello –y puestas a hacer predicciones– el longlife learning protagonizará un boom sin precedentes, confirmando la tendencia hacia la acumulación de experiencias formativas, desterrando el término, muchas veces mal traído, “sobrecualificación”.

 

 

 
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